Hoy desperté con la sonrisa estúpida en los labios, me estrujé los ojos con más violencia que de costumbre. Miré hacía la ventana y descubrí que el sol tenía rato brillando. Pensé: Maldita sea, otra vez olvidé activar la alarma de los fines de semana y voy a llegar tarde!
Me senté al borde de la cama y busqué mis pantunflas, el piso frío me recordó que no había usado las pantunflas la noche anterior y que la alfombra fue removida para ser limpiada. Caminé hasta tomar mi reloj y descubrí que eran las 8:30... por un momento la idea pareció brillar en mi cabeza: No iré a trabajar!
Sin pensar en otra cosa me vestí, decidida a ir a algun otro lugar que no fuera la oficina y salí. Mis pies me llevaron a la oficina aunque mi cabeza imaginaba que iriamos a otro lugar. Ya me esperaban, iba 15 minutos tarde y llevaba conmigo las llaves de la oficina; el jefe estaba de comisión y yo era la única que podía abrir.
Trabajé una cosa trás otra sintiendo que lo hacía todo de manera automática hasta terminar con los pendientes, recibí a los proveedores en nombre del jefe y limpié mi escritorio. Resolví los imprevistos y afiné detalles de las reuniones programadas para la otra semana.
Y todo lo hice como si aún no hubiera despertado, como si todo debiera ocurrir así, sin cuestionar nada, sin permitirme pensar en lo que hacía. No sentí flojera por tener que hacerlo, ni anduve de procastinadora; tampoco lo hice pensando en que debía terminar rápido para ir a descansar. Lo hice porque debía hacerse y punto.
Siempre me asusta actuar así, como si todo hubiera sido ampliamente ensayado, como si supiera cada cosa que hay que hacer, como si todo de repente embonara en el lugar correcto y no hubiera lugar para titubeos o para preguntarme como diablos voy a hacerlo. Se hace y ya.
No me sentí ni triste, ni alegre, ni asustada, ni aburrida; simplemente no sentí nada. Mi madre dice que esa cualidad es la que me hace igual a mi padre, que somos como dos robotitos haciendo el trabajo que debe hacerse y que como dos buenos robotitos no sabemos expresar emociones . Aquí en el trabajo alguna vez me dijeron que por eso estoy donde estoy, porque no titubeo; no lo pude entender hasta hoy.

...............................
Y yo me siento como sumergida en una canción de BLONDE REDHEAD, donde no necesitas hacer más que sentarte a existir, a vivir, a dejar que las cosas sucedan.
Así, simplemente dejar que sucedan y hacer lo que se tiene que hacer, porque claro alguien tiene que hacerlo.
Me senté al borde de la cama y busqué mis pantunflas, el piso frío me recordó que no había usado las pantunflas la noche anterior y que la alfombra fue removida para ser limpiada. Caminé hasta tomar mi reloj y descubrí que eran las 8:30... por un momento la idea pareció brillar en mi cabeza: No iré a trabajar!
Sin pensar en otra cosa me vestí, decidida a ir a algun otro lugar que no fuera la oficina y salí. Mis pies me llevaron a la oficina aunque mi cabeza imaginaba que iriamos a otro lugar. Ya me esperaban, iba 15 minutos tarde y llevaba conmigo las llaves de la oficina; el jefe estaba de comisión y yo era la única que podía abrir.
Trabajé una cosa trás otra sintiendo que lo hacía todo de manera automática hasta terminar con los pendientes, recibí a los proveedores en nombre del jefe y limpié mi escritorio. Resolví los imprevistos y afiné detalles de las reuniones programadas para la otra semana.
Y todo lo hice como si aún no hubiera despertado, como si todo debiera ocurrir así, sin cuestionar nada, sin permitirme pensar en lo que hacía. No sentí flojera por tener que hacerlo, ni anduve de procastinadora; tampoco lo hice pensando en que debía terminar rápido para ir a descansar. Lo hice porque debía hacerse y punto.
Siempre me asusta actuar así, como si todo hubiera sido ampliamente ensayado, como si supiera cada cosa que hay que hacer, como si todo de repente embonara en el lugar correcto y no hubiera lugar para titubeos o para preguntarme como diablos voy a hacerlo. Se hace y ya.
No me sentí ni triste, ni alegre, ni asustada, ni aburrida; simplemente no sentí nada. Mi madre dice que esa cualidad es la que me hace igual a mi padre, que somos como dos robotitos haciendo el trabajo que debe hacerse y que como dos buenos robotitos no sabemos expresar emociones . Aquí en el trabajo alguna vez me dijeron que por eso estoy donde estoy, porque no titubeo; no lo pude entender hasta hoy.

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Y yo me siento como sumergida en una canción de BLONDE REDHEAD, donde no necesitas hacer más que sentarte a existir, a vivir, a dejar que las cosas sucedan.
Así, simplemente dejar que sucedan y hacer lo que se tiene que hacer, porque claro alguien tiene que hacerlo.







