
Anoche inesperadamente acabé en la playa, sentada sobre una barquita volteada en la arena mirando el mar picado, reflexionando mil y un cosas y bendiciendo al viento por revolver mi cabello, hacer que la arena me entrara en los ojos y me llenara la piel de pequeñas zonas de comezón por su bombardeo, sí, lo bendije por alejarme de la conversación ajena que no me incumbe y que me incomoda, por llenarme de ese silbido como si avecinara un huracán. En un momento -no supe porque- alguien me empujó, mi pie se enredó en el bote y caí a la arena. Agradecí el empujón a pesar de amenzar de muerte al autor, fingí mi enojo y me quejé de mi pie dolorido mientras que por dentro agradecia el haber podido sentir las dunas de arena frias y suaves al contacto con mi piel.
Sí ayer fui el cliché de una mujer en la playa, pero no, no fue el de la mujer buenota corriendo en camara lenta estilo baywatch en un traje de baño rojo, ni tampoco el de la chica buenota en bikini poniendose el bronceador. Sólo fui el cliché de la nena buenota sentada sobre un bote mientras resuelve sus dudas existenciales con la luna de fondo.
Esperen.. anoche estuvo nublado y la luna no se veia por ningun lado. Maldita luna arruinó el cliché. Diablos!
Hoy me levanté y dejé la cama llena de arena, estaba hambrienta así que me preparé el desayuno. De camino al trabajo y con el desayuno en un toper mi olfato comenzó a captar olores de comida por donde sea. Y como siempre digo que la nostalgia vive en mi nariz los recuerdos comenzaron a aflorar. Para empezar recordé cuando trabajaba en el hotel y todas las mañanas pasaba por el area de cocina para irme a mi oficina, siempre pasaba a saludar a los cocineros con la ilusión de que hubiera algo que sacrificar (platillos que algun cliente pidió y luego no quiso). Luego recordé todos esos desayunos madrugados cuando apenas abrian las puertas en los bisquets de obregon y yo me abalanzaba adentro. Adoro entrar a un restaurante cuando acaban de abrir. Todo se vuelve un ataque a los sentidos: todo el olor de la comida flotando en el aire,el café recién hecho, el sonido de los platos chocando, las copas tintineando, el aire acondicionado intensificando olores y erizando mi piel de frio, las flores recien colocadas en sus floreros y yo pidiendo una malteada...

Adoraba esos desayunos, ya no a la persona con quien los compartí, pero alguna vez me gustaria volver a sacar el tiempo e ir a aspirar los olores de un restaurante por la mañana.
Y a ti... que te gusta hacer por las mañanas???

